Charlas con Bingo – El contrato del alma
Como cada mañana, procurando que sea al amanecer —pues llevamos unos días en que el verano se nos ha adelantado—, salimos a nuestro paseo.
Aparecieron Nerón y SP. Nerón es un border collie viejo, sabio y cariñoso, que pide el afecto que no le dan. En cambio, SP (Súper Perro) es un cachorro de apenas unos meses: inquieto, travieso y siempre dispuesto a jugar contigo, Bingo.
De vez en cuando me das un tirón que hace crujir mis huesos del omóplato, y siento que estoy a punto de perder el equilibrio. Pero te perdono. El entusiasmo también es una forma de cariño.
Falta Sara. Esa hembra que lleva ya un tiempo sin aparecer… Nos tememos lo peor.
En la dehesa, como en la vida, todos tienen sus terrenos marcados.
Caminamos hasta llegar cerca de la majada de las cabras. Los mastines de Cristina salieron a nuestro encuentro. A ti y a mí no nos ladraron ni gruñeron, pero a Nerón y SP los pusieron en fuga. Salieron corriendo como almas perseguidas por el diablo.
A la vuelta, los toros daban un concierto sinfónico a capela, en Do mayor sostenido. También ellos defendían su espacio… y su harén.
Hoy es el día de San Fernando. Y mira que es difícil que un rey sea bueno y santo, pero si los de Sevilla lo dicen, ¿quiénes somos nosotros para negarlo?
Es un día de recuerdos de inmensa tristeza. Hace unos días, Bingo, escuchábamos a un escritor en una entrevista del pasado decir:
> “Antes de nacer firmamos un contrato con lo que queremos hacer en este planeta. En él también escogemos vivir, y en ese mismo contrato está la fecha de nuestra muerte. Después nos borran esos datos, para no influir en nuestras vidas.”
Puede que tenga algo de razón…
¿Tú qué piensas, Bingo? ¿También será así para los perros?
Me voy, que hoy tengo un día de compartir con compañeros y amigos.
Mañana, a la misma hora, te contaré.
Guárdame un hueco en la sombra.



