Conversaciones con Bingo El silencio, las norias y las verdades sin barniz:
Hay días que el silencio se oye en la dehesa como sinfonía inacabada.
Quizás hoy volviera a ser muy temprano.
Uno está deseoso de que mi despertador sin cuerda me diga: “Arriba y vamos”.
Cuando llegaba a la altura de donde duermen las cabras, Reverte y su hermana han salido a tal velocidad delante del coche que he dejado de verlos por un momento, hasta que, llegado al límite de su territorio y parado el coche, se han aproximado buscando su recompensa.
Desde tu casa, en la que te desperezabas, se veían las luces encendidas de los caminos de los chozos y las guirnaldas que, desde los alcornoques, llegan hasta ellos. Se me ha venido la imagen de esos barcos veleros que, atracados en bellas calas, iluminan sus mástiles sobre el verde azulado del mar.
Tu casa, Bingo, es un lugar privilegiado: desde ella ves los movimientos en «los Chozos Las Flores de la Dehesa , las luces de los pueblos de la Sierra de Gata , los cortafuegos y caminos que llegan hasta las tierras de Castilla.
Olía a quemado, y el humo de la Sierra de la Estrella borraba el perfil de la nuestra. Estamos locos los humanos: casi todos son fuegos puestos. Los últimos camiones de enormes troncos de pinos quemados estaban aparcados en los Escalos de Abaixo, y se necesita madera seca y barata para hacer miles de pallets. Los fuegos son negocios rentables para algunos bolsillos y la ruina para la tierra. No sé si lo compartes conmigo, Bingo, pero sabes que hace tiempo dejé de ser políticamente correcto: me importa un bledo. Diré mi verdad, que puede que sea solo mía.
Poco a poco se han ido incorporando instrumentos a la orquesta: un gallo de José Luis, que no cantó tres veces; los toros que espabilan; y los burros, que no sé si se imaginan lo que les puede esperar en Calzadilla.
Los pájaros, en su algarabía de ver quién aprovecha antes que caliente, para luego buscar refugio y callarse para que no los descubra el calor. Los chivos llamando a sus madres y las cabras esperando ser ordeñadas.
Ayer, después de cincuenta años, me encontré en las redes sociales con un amigo de mis años en Badajoz y con el que disfruté de la juventud y la revolución, en España y en Portugal. Se llama Paco, aunque —sabes— aparece como “batracio verde”, pues nosotros, que últimamente no vemos una rana en las lagunas donde hoy te «jartaste» de tomar baño…
Bueno, ya sabemos que la vida es como las norias de las ferias: arriba, abajo, una y otra y otra vez.
También volví a leer el idioma en el que escribe nuestra amiga Ana: A Fala. Qué bonito, y qué esfuerzo para que no se pierda. En esta tierra nuestra, ese y el extremeño, porque lo del castúo es un invento que no resiste un segundo. Bueno… tanto como si tú y yo hablásemos en perrunocastellano y quisiéramos que fuera reconocido.
Bingo, el maestro y gran escritor Plácido nos comparó con el arte de Roca Rey y Morante; es decir, la tesis y la antítesis del toreo. Pero como es mi amigo, no es objetivo en las valoraciones. De todas formas, gracias.
Y la noria de la vida se mueve en función de la velocidad del motor que la impulsa.
Ya seguiremos otro día. Hoy, Bingo, me siento cansado y nervioso. Gracias por escuchar a este viejo.
