Conversaciones con Bingo Bajo el baobab de los recuerdos:
Buenos días, Bingo.
Después de un día de tanto calor, hoy vuelve con lo mismo, y me vienen a la memoria viejos recuerdos. Hace unos días pensaba en un buen amigo que se fue a buscar boletus y trompetas de los muertos en otra dimensión.
Nito era un hombre serio, curtido en cien batallas, que trató al éxito y al fracaso como si ambos fueran impostores de la misma harina.
Aún guardo vivas algunas de nuestras largas conversaciones, llenas de enseñanzas, ya fuese mientras salíamos a la caza de setas, en busca de orquídeas por los prados, o cuando se sentaba en el sillón de mi casa a hablar —de todo, que nunca de todos—.
Sabía que el tiempo se le agotaba, que el requesón no era remedio frente al cáncer de próstata que lentamente lo iba apagando. Pero nunca lo vi inclinarse. Siempre llevaba la barba bien cuidada, el cabello al viento como aquel extranjero de Moustaki, bajo la protección de una gorra.
Aprendí mucho de él. De setas, de orquídeas, y de la vida, esa que corre siempre demasiado deprisa.
Su mano derecha, Sebas, recogió su relevo y cumplió el sueño que compartían: volver a empezar en el continente africano, en Senegal. Con ellos, yo formaba la parte floja del equipo, pero los tres sabían de mi interés por El Principito.
Una de las últimas fotos que tengo de Nito lo muestra abrazado a un enorme baobab. Casi a diario intercambio unas palabras con Sebas. El otro día me envió unas fotos de una flor de ese árbol que, si quisiera, podría hacer explotar el asteroide de nuestro pequeño amigo. Le pedí algunas más, para el recuerdo… y para mostrártelas a ti, Bingo, y a los muchos amigos que nos acompañan en estas conversaciones.
Por eso, y en homenaje a él, a Sebas y a todos los que formamos aquel equipo de buscadores de boletus —César, Carmen, Alonso—, comparto hoy estas maravillas del África senegalesa, bajo la sombra protectora del baobab y el recuerdo imborrable de la amistad verdadera.
Las fotos que acompañan esta conversación me las envió ayer Sebastián desde Senegal, gracia por los boabat.
