Conversaciones con Bingo Entre encinas caídas y lagunas sedientas:
Las viejas encinas se rinden ante el inexorable maltrato.
Hoy, Bingo, cuando llegaba a buscarte, he visto una enorme rama de una encina centenaria desprendida y apoyada en el suelo, donde las vacas aprovechan para comer las hojas verdes.
Ha venido al paseo nuestro amigo Manolo, que dice que no te eduqué bien. Ya sabes: seguro que los abuelos malcriamos a nuestros nietos. Pero eso, Bingo, es porque, si nos los da la naturaleza a estas edades, es porque sabe que necesitamos esas alegrías que no tuvimos, ya que teníamos que buscarnos la vida cada día para darle lo mejor a nuestros hijos.
Te ha cogido con la correa y yo he aprovechado para inmortalizaros.
Tú, Bingo, eres negra, tu pelo brilla y disfrutas de nuestro cariño. En el paseo, primero hemos ido a la laguna del Tamujoso, cada día más seca; se ve cómo aumenta la orilla de barro y las pisadas de vacas y ovejas. Entonces, tu primer baño: no había nadie y aún no habían llegado los mastines con las cabras.
Desde allí, por la zona trasera —más baja que la pared de la charca y pegada al arroyo—, el verde de la grama es un tapiz que relaja. Cientos de plantas de poleo, menta para la mayoría, siguen brotando y están verdes. Cuando las pisamos, nos inunda ese olor que abre las vías respiratorias.
Hoy teníamos ganas de andar y nos hemos ido hasta la laguna del Majadal. Allí, dos paisanos estaban con las cañas tiradas, esperando alguna picada de tenca. Muchas hay, y hoy estaban revueltas, pero no picaban.
Dice Manolo que los patos y las cigüeñas que se meten en el agua transportan los huevos de diferentes especies de peces de unos lugares a otros, porque se les quedan pegados a las plumas o a las patas.
Un cuervo enorme, de reflejos azulados y brillos, ha pasado delante de nosotros entre los alcornoques. “Pájaro de mal agüero”, presagio de la muerte que anuncia a los buitres para que acudan a devorar las presas y les abran camino para aprovechar sus entrañas. No detectamos ningún animal muerto, porque todos tienen su función en la naturaleza, pero… ¿te acuerdas del día que los vimos picando los ojos de un ternero? Decidimos odiarlo, y tú, Bingo, les ladraste e incluso los hiciste volar, aunque poco rato, porque, como los pirómanos y los ineptos gobernantes, vuelven para terminar su tarea.
Bingo, me da vergüenza pensar en las manos en que está este país y el vecino que tanto quiero. Portugal se quema como España y como nuestra región, Extremadura.
Hablando con mis amigos allí, me dicen: “Portugal tiene tres hidroaviones canadienses: dos para operaciones y uno de reserva; pues este verano están los tres averiados, y han pedido dos a Marruecos”.
Si los gobiernos, el de allí y el de aquí, están así, no sé si puedo pedirle a un joven alcalde, que además de sacar miles de euros del corcho, vaya reponiendo los árboles que se mueren para que siga viva esta maravillosa dehesa.
Yo, seguro, no vería hacerse adultos los árboles, pero él y mis nietos sí podrían verlo.
Ya sabes, Bingo, el dicho chino-tibetano: si quieres garantizar el futuro, siembra un árbol. Y, tal como está esto, con tantos fuegos, recomiendo que se empiece a repoblar mañana mismo.
