Conversaciones con Bingo La cabra tira al monte

Conversaciones con Bingo La cabra tira al monte

Buenos días Bingo, esta dehesa es una caja de sorpresas, como en los espectáculos de magia cada día encontramos motivos para reflexionar.
Los amigos que leen nuestras conversaciones, son personas inteligentes que leen entre líneas, y seguro que extraen provecho de ellas, como tú y yo, aunque en ocasiones, te pones cabezona, ah! Que yo también…
La cabra tira al monte (continuación)
Bueno, hoy el paseo se vuelve complicado, porque volvieron a aparecer tus amigos perrunos y te vuelves loca, sobre todo con SP. Como es el más pequeño, te envalentonas. También él está dispuesto a jugar contigo, cosa que Nerón o Sara no están.
Por cierto, me parece que Sara está otra vez preñada, y sabiendo la suerte que corrió Chispa, no le auguramos mucho futuro. Tú avísala, por si acaso.
En la capilla de la ermita, que no tiene ni puertas ni retablos, cuando los vecinos de Calzadilla deciden celebrar la romería deben traer alguna virgen, santa o santo, colocarlo en esa hornacina y en un altar a la intemperie —hecho de hormigón para que no lo estropee ni el agua ni el viento— y allí celebrar la misa. Hay quien cuenta que una encina, a su lado, da bellotas con la cara o el manto… o qué sé yo.
Necesitan —o necesitamos— creer, desde los principios de la humanidad. ¿En quién creéis los perros? Porque también sois seres de la creación.
Esta mañana, un buitre —de esos que tanto abundan en este lugar, de envergadura gigante y cuyas plumas caídas te gustan aunque huelen fatal— estaba aprovechando las térmicas para ascender hasta las alturas y otear todo a su alrededor, buscando muerte para avisar a sus colegas.
Pronto descubrí la causa. Una vieja cabra había buscado refugio allí, pero el buitre había detectado que, apartada, su muerte estaba próxima.
He recordado algunas de las visitas que hice a Santa Lucía del Trampal, esa maravilla visigótica que os aconsejamos conocer y que un día, hace mucho, encontró o descubrió mi amigo Juan Rosco y su compañera. Juan fue director del EPA de Coria hasta que la política se lo llevó a Mérida. Enamorado de su Montánchez, apoyó en todo esta basílica de su vecina Alcuéscar.
En su centro de interpretación se muestran representaciones de una cabra, que era considerada divinidad por los antiguos pobladores.
En esta tierra nuestra, la cabra no sé si sería una divinidad del mejor pabellón de los dioses, pero daba leche y carne, también su dura piel para albercas y protectores de vestidos. Que le pregunten a los paisanos de Las Hurdes sobre la divina cabra.
En una visita de Franco a ellas, en un discurso habló del destino de la patria. Un maestro escuela que conocí le espetó:
—No señor, en Las Hurdes, por la cabra a la vida.
Como te digo, Bingo, cada día una sorpresa. Un poco más adelante, en nuestro paseo, nos encontramos a uno de los grandes, coriano y artista, que empezó pintando coches y hoy sus fotos están en los mejores museos: Carlos Canalo. Y te diste cuenta de que se me rió el alma.
Un rato, una conversación en la que estuviste pendiente sin decir nada, ni siquiera ladraste a su coche.
Vamos, Bingo, que me quiero ir a despedir de Carlos Mingacho, el amigo portugués de Alcains, en su último paseo por las calles de su vila.