Conversaciones con Bingo Los Santos que todo lo curan
Buenos días, Bingo.
¿Sabes? Esta mañana, al amanecer, el cielo estaba rojo, como si las llamas de la hornilla donde quemábamos jara para calentar el horno y cocer el pan hubiesen quedado encendidas toda la noche. Lo miraba desde el rincón donde crecen la menta y el poleo, justo cuando recibían los primeros rayos del sol naciente.
El otro día, Lucas llevaba una camiseta con un cartucho egipcio donde su nombre aparecía escrito en jeroglíficos. Le gusta mucho la historia, sobre todo la egipcia. En la espalda llevaba el símbolo del dios Ra, el sol, ese mismo que ahora empieza a subir por el cielo. Te cuento esto, Bingo, porque estos días celebramos las fiestas de la Bella Dama, de Caurium. San Juan, San Pedro… y, aunque pocos lo recuerdan, también se homenajea al antiguo patrón de Coria.
—¿Pero no es San Pedro de Alcántara? —te estarás preguntando, como muchos.
Pues no. Pedro, el que dijo que «de Alcántara, ni el polvo de las zapatillas», y que —dicen— se sacudió las sandalias al cruzar el puente romano, es un santo moderno para una diócesis tan antigua. El patrón original de esta vieja diócesis fue San Cirilo de Alejandría, que murió en el año 444 y cuya festividad es… el 27 de junio. ¿Lo pillas?
Pero lo importante, Bingo, es que entre San Juan, San Pedro y San Cirilo obran verdaderos milagros: del 23 al 27 el ambulatorio se queda vacío y las calles, llenas. Y no me digas que eso no es milagroso. Pasé por allí y no vi a casi nadie. Salí a la calle y me encontré a los cojos que corren, los ciegos que ven, los achacosos con ponche en la mano y los que tienen artrosis subidos a las rejas.
Dime, Bingo, ¿si eso no es un milagro, qué lo es? Aunque —eso sí— no llegan para todos. Tengo amigos muy taurinos que lo están pasando realmente mal… Fuerza, Eusebio.
Estos días, bien porque contigo no cojeo o porque me haces sentir responsable, no frecuento mucho la parte amurallada. Siempre creí que dejar las cosas a medias no sirve de nada. Además, Javi se la juega para que podamos ver, más o menos en directo, los toros. Gracias, amigo, por llevarnos de la risa a la tragedia.
Sabes, sé poco de toros. Cada vez menos. Como no soy del gremio, confundo castas, mezclo procedencias y me quedo tan tranquilo. Luego llega el entendido de turno, se ríe un poco de mí y me corrige. Así aprendo.
Esta madrugada se han cumplido 26 años desde que salió por las calles de Coria aquel toro llamado Zagal, de Pérez Escudero. Cárdeno, con pocas perchas para lo que ahora gusta, pero del que aún me siento orgulloso. Su recuerdo se guarda en la Cárcel Real. Encastado en Santa Coloma, puro, de esos que llamaban “los toros del miedo” y que tanto me recordó aquel de Ana Romero.
Ahora, por fin, acabarán las fiestas con fuegos artificiales desde el puente. Para algunos será un suspiro de alivio, para otros, el inicio de un nuevo año. Y para mi amiga María del Principito, se habrá escrito una página más en su cuento de la vida. Como ese que le escribí para su libro de la Geta… y una lágrima se elevará hasta el cielo, donde Pedro la estará esperando.
