Conversaciones con Bingo San Juan le dijo a San Pedro

Conversaciones con Bingo San Juan le dijo a San Pedro

Buenos y calurosos días, Bingo. Hoy no tengo ánimos para el largo paseo… y por lo que veo, tú tampoco. Te noto un poco rara y yo me siento un poco cansado, cansado de todo… No es que haya trasnochado por fiesta, porque la verdad, apenas las he disfrutado, por no decir nada.
Una de las tareas que me impuse hace tiempo fue esta: pasear contigo cada mañana, que goces tu libertad y que no te falte nunca mi compañía. Hasta hoy no he fallado.
Han terminado los San Juanes —mejor dicho, las fiestas de San Juan— y con ellas esta locura de toros a todas horas. Sabes, antes me daba igual no descansar… ahora no consigo seguir el ritmo. Pero como soy consciente de mis límites, los acepto sin más. Pasaron, y afortunadamente, sin percances importantes. Y eso, créeme, ya es mucho decir.
Sé bien lo que es tener que comunicar a una familia que uno de los suyos ha tenido un accidente grave… o algo peor. Durante muchos años —y ya hace muchos— me dediqué a poner en marcha un sistema de seguridad para proteger a las personas durante las fiestas. También para salvaguardar y respetar a los toros.
En esa «hazaña» me acompañaron dos grandes: José Luis “Benavente” y Luis Diosdado. Siendo alcalde de Coria Antonio Robleda del que acabe siendo un buen amigo. Conseguimos avances importantes. Y quienes vinieron después —Felipe, su hermano, tantos de Protección Civil, seguridad, y José Manuel Bueno— han llevado todo a un nivel casi perfecto.
Pienso en aquel tiempo… Cuando los servicios médicos eran una camilla de cuero con una sábana, las manos de don Diego, y los practicantes, que así se les definía, Don Ciriaco o Don Ramón, según el día. Solo había una ambulancia, sin nada dentro, conducida por Pepe. Y cuando había un herido grave, siempre quedaba la duda de si conseguiría llegar a Cáceres.
Y mira ahora, Bingo… Don Ricardo al frente, un equipo completo, quirófanos móviles, anestesistas, enfermeros y enfermeras extraordinarios. Todo eso a cinco minutos de la plaza de toros. Uvis móviles. Tecnología. Seguridad. Un hospital que, aunque no es el mejor —culpa de nuestros gobernantes— cumple, y mucho.
Estas fiestas han pasado de la temeridad a la seguridad. Y me alegro. Porque aunque no se reconozca, lo sembramos nosotros.
Recuerdo a mi padre, pendiente de sus emisoras de radio, por si entre nosotros no lográbamos oír lo que se decía. Y ahora… teléfonos encriptados, cámaras que ya empezaba a poner Carlos “el del Bobo”, y un largo etcétera. Todo bajo control. Y no olvides a Rafael Cerro, que hace cosas inverosímiles por proteger a los corredores.
Me alegra que todo haya salido bien. Como dice la canción popular:
«San Juan le dice a San Pedro: vamos al toro.
Y San Pedro le contesta: cielito lindo, vete tú solo.»