Conversaciones con Bingo Tormenta de San Juan

Conversaciones con Bingo Tormenta de San Juan

Conversaciones con Bingo Tormenta de San Juan

Buenos días, Bingo. No consigo entenderte algunas veces. Hoy no querías salir, y a pesar de ofrecerte tus golosinas preferidas, te refugiabas en lo más profundo de tu casa.
Perdóname. Soy de los que acostumbra a equivocarse, pero también soy de los que pide perdón. Ni soy perfecto, ni lo he sido, ni quiero serlo en lo que me queda.
Cuando llegué a la dehesa no noté nada extraño. El cielo estaba gris, pero como ayer. Al salir, nos esperaba Nerón. Le eché unas golosinas, pero su interés estaba en entrar en casa. Cuando llevábamos poco más de trescientos metros, comenzó el mejor concierto de la naturaleza.
Primero encendieron los focos de los flashes. Entonces conté los segundos que transcurrieron hasta que retumbó el gong entre las nubes. Al multiplicar por 300, sabemos la distancia que nos separa de la tormenta.
Para apagar la sed, comenzó a llover. Y nosotros, a protegernos del agua que en pocos segundos nos calaba.
Las vacas y los terneros se agrupaban a nuestro alrededor, pegados a los troncos de las encinas. Y tú, Bingo, con miedo a la tormenta, pegadita a mí.
Bingo, a mí me gusta la tormenta. Me gusta ver cómo se escurren las gotas de agua por las escobas que forman los tejados de Los Chozos las flores de la dehesa, el lugar desde donde escribimos nuestras conversaciones. Hoy me quedaré un poco más contigo, para que no tengas miedo.
Anoche no fui al encierro ni al toro. No porque no me guste, sino porque una noche como esta, al alba de San Juan, un patas blancas como el de esta madrugada se llevó la vida de Juanjo, un buen amigo.
Esta primera noche, la inconsciencia de la gente que tira vasos en la calle —y los deja llenos—, y la del seudo responsable que no sabe o no quiere darse cuenta de que el recinto no está en condiciones para correr un toro peligroso… No ordena que se limpie, pese a que la gente es incívica. Y así, se suelta el toro.
Pero, Bingo, ¿qué le vamos a hacer? Los extremos nunca fueron buenos. Y si además alcanzan su objetivo con malas artes… pues a saber.
Espero que estas fiestas acaben mejor de lo que empezaron esta madrugada.
Hoy el día estará peligroso, no por los vasos, sino por el suelo resbaladizo y mojado. Veremos qué se les ocurre. Mañana te lo cuento.
Las estadísticas están para saber leerlas.
Que Dios reparta suerte, como dicen los taurinos… y nos iremos, porque “aquí hay gente pá tó”.