Conversaciones con Bingo: Bajo la encina, lloraremos por los ausentes.
Me has visto llegar, Bingo. Y con esa inteligencia tuya, has sabido enseguida que venía triste.
Esta mañana, al comenzar mi jornada, vi una noticia en las redes que no esperaba. Ha fallecido Pedro Yerpes, mi joven viejo amigo. En muchas ocasiones fui su tapadera, en otras su confesor. A veces, aunque pasara mucho tiempo sin vernos, la alegría al reencontrarnos era como la que tú me muestras cada mañana.
Últimamente pienso que en esa otra dimensión están necesitando gente como Chesco, Luis y Pedro… para organizar unas fiestas de San Juan, con toros, soplillos y bailes de salón.
Hoy, hablando con María José y preguntando por su abuelo, me enseñó una foto del nieto de Chesco. ¡Y se parece tanto a él! Beatriz la amiga de María debe ser feliz.
Nicolás, el abuelo, no lo está pasando bien. Pero es el hombre más inteligente —de esa inteligencia natural— y más fuerte que he conocido.
Cuando llegó a mi vida, aprendí a quererlo como a un padre. Nunca fue un suegro, ni siquiera «mi suegro». Fue, y sigue siendo, mi mejor amigo. Lo superará todo. Incluso las tristezas.
Bingo, hoy tengo muchas ideas atropelladas. Se me agolpan y me “aturullan”. Vamos a ponerles un poco de orden. Quizás sea el momento de sentarnos bajo nuestra encina… aunque ahora está enferma, atacada por el cerambido, ese insecto que deposita sus huevos en su interior y cuya larva se alimenta de la savia hasta matarla.
Hoy nos detendremos ahí, Bingo. Rezaremos una oración por los ausentes… y también por los presentes que necesitan de nuestra energía.
Vamos, compañera. Hoy el paseo será más corto. Y mi alma, un poco más triste.



