Conversaciones con Bingo Lágrimas de San Lorenzo y el paseo con Bingo

Conversaciones con Bingo Lágrimas de San Lorenzo y el paseo con Bingo

Conversaciones con Bingo Lágrimas de San Lorenzo y el paseo con Bingo

Hoy amanecí antes de que amaneciera y salí a buscar a Selene, mi luna, que debía estar preñada de llena, pero ya se había ido a jugar con mis amigas Katia y Ana por los pueblos de la Sierra de Gata que están de fiestas.
Entonces busqué a Marte, dios de la guerra en el horizonte, pero el sol que venía con fuerza ocultaba su rojo espectro.
Entonces, ¡ay! Entonces busqué la diosa del amor, Venus, pero estaba en sus quehaceres vigilando la blanca leche que de la Vía Láctea aún se derrama.
Entonces, unas estrellas fugaces, lágrimas de San Lorenzo adelantadas que en estos días se celebra, cruzaron de norte a sur la bóveda celeste. Yo, Bingo, me acordé de pedir algún deseo; espero que sea cumplido.
Entonces, como he de reconoceros que soy lunático y romántico como buen cáncer, me encaminé en busca de mi amiga para que, como todos los días y cumpliendo el ritual, me saque de paseo.
Ya acabaron los conciertos y la catedral se queda en silencio. ¿Sabes, Bingo? Tiene dos órganos que suenan a cielo, pero que no se tocan, o se tocan poco, y a gritos están pidiendo manos que se posen sobre sus teclados y pies para tocar sobre sus pedales.
Nos hemos sentado en una piedra pizarrosa, suavizada, de esas que llaman dientes de perro. ¿Te das cuenta de cómo somos los hombres? Podríamos, aunque fuera en tono jocoso, llamarlos dientes postizos o paletos sandieros, pero no, tienen que entrar en la broma los perros. Tú, Bingo, no te molestes, los humanos somos así, aunque cada día descubro que hay amigos y amigas que tienen perros como tú y los cuidan, disfrutan y, a su manera, se entienden, además de darse compañía.
Entre las copas de las encinas se hace notar el sol y con ello el calor. No sé cómo harán este año las cabañuelas, ni el Zaragozano, ni siquiera los seguidores de la canícula. De ser como parece, el próximo año solo será seco y caluroso; hasta el invierno será como una estufa de leña con la puerta abierta.
Hoy volvemos a pasear solos, tú y yo; nuestro amigo tiene que hacer.
Desde aquí acabamos de escuchar las campanas de la iglesia de Calzadilla. ¡Qué hermoso Rebollar!
Vamos a la laguna buscando otro camino. Bingo se impacienta y marca sus manos en mi camiseta blanca, otra más a la lavadora, menos mal que ahora salen secas.
Nuestra sorpresa es cuando, al aproximarnos a la laguna —que ya me dijo ayer nuestra amiga que tiene un nombre precioso: «El Majadal», porque la llena el arroyo del mismo nombre—, estaba tan concurrida que quedaban los espacios justos para que cupiesen las cañas de los pescadores. Tú no te has podido bañar y te has limitado a beber y mojar las patas, y has querido que nos marcháramos buscando el camino. Yo, Bingo, que soy «muy bien mandao», como decían en estas tierras, me he acercado a dar las buenas; no sé si lo sabes, pero todos los días y las noches me gusta darle las buenas a mis amigos, como los pescadores. Unos contestan y otros no, pero, Bingo, son así.
Por cierto, a todos los que nos han respondido les pregunté:
—¿Qué tal se da la pesca?
Y la respuesta general era:
—No pican las tencas.
Sabes, Bingo, los pescadores tienen la manía de exagerar en sus capturas y en las no capturas.
También, extrañado por la multitud, pregunté:
—¿Cómo tantos hoy?
—Es que es día de pesca, ja, ja, ja. Será de mojar las cañas y el cebo —me entraron ganas de contestar, pero «la buena educación lo impide».
Hoy las que lo pasarán mal son las cabras y las vacas, que para beber tendrán que esperar a que se cansen, aunque el pescador es un ejemplo del Santo Job, o de la paciencia.
Te has quedado en casa porque yo tenía que ver a otros amigos. Alguno de ellos, que he conocido esta mañana, me ha gustado: Adrián, dispuesto a ayudar, y quieren, él y su hermana, tener un cachorro. Si pudieras, le dirías que es mucha la responsabilidad de cuidar de uno. Al fin y al cabo, aunque a Manuel no le guste, él dice:
—Qué pena, el hombre acaba humanizando a los animales.
Y tiene razón.
Espero que tengas la oportunidad de conocer a estos hermanos y les cuentes tu experiencia conmigo.