Conversaciones con Bingo El cartero en Álcantara llamó dos veces:

Conversaciones con Bingo El cartero en Álcantara llamó dos veces:

Conversaciones con Bingo El cartero en Álcantara llamó dos veces:

Bingo, vuelve el calor y se nota, o lo notamos. Ayer, después de nuestro paseo, tenía previsto estar con los amigos del teatro, especialmente con Jesús Lozano y con Inma Cedeño, pero estuve con toda la compañía: con los músicos de instrumentos y voces medievales que interpretan y cantan las Cantigas a la Virgen de Alfonso X, al que dieron el sobrenombre de «el Sabio».
Siempre nos gusta ver los entresijos del mundo fantástico. Mis dos ilusiones en esos temas han sido: una, ver vestirse a un torero antes de enfrentarse con la verdad de lo que puede ser la muerte; y otra, la de mis actores en una obra que, no por verla varias veces, me deja alguna vez indiferente.
Ver a grandes actores en una gran obra, sentir los nervios del previo, que se retuerzan las tripas y que de abajo arriba se estremezca el cuerpo.
Ese fue el día de ayer, hasta que a las once de la noche, en el Conventual de San Benito —colgado sobre el Tajo que lame sus profundas raíces— se levantó el telón. Bueno, Bingo, es una frase hecha, porque en ese poderoso muro de arcadas coronado por los escudos del emperador Carlos, no hay telón.
El cartero siempre llama dos veces no es solo una gran obra; es también, en este caso, una realidad advertida.
Jesús me decía que había vuelto a nacer hacía trece días, y que su ángel de la guarda fue Inma, que estaba a su lado.
Ayer notaba que no todo estaba bien, pero el respeto a su profesionalidad mereció mi silencio.
Es un gran escritor, un gran actor, pero llega un momento en que debemos reconocer que las exigencias del guion son tantas que no podemos realizarlas. También tenemos, aunque nos cueste entenderlo, que, aunque el sol se esconda, es imprescindible una pequeña estrella en el hemisferio norte —esa que tú y yo solemos mirar para orientarnos—.
Anoche, Jesús hizo la interpretación más corta y más realista del final de Alfonso X. Pero, contrariamente al monarca en Sevilla, él no estuvo solo, y los ángeles estuvieron rápidos al quite. La organización del Festival de Alcántara, todos, absolutamente todos, estuvieron en su ayuda.
A veces el corazón juega con cartas marcadas, y esa partida de póker acaba con todos tus tesoros.
Anoche, el corazón —tan grande— de este hombre humano, aunque en escena no lo parezca, dijo basta en Alcántara. Pero no quedó allí, porque Pedro de Alcántara, franciscano humilde, quiso darle otra oportunidad, y la María de las Cantigas, invocada por Inma, le permitió ir hasta el otro San Pedro, este en Cáceres, donde va saliendo de la segunda llamada.
Recuerda, amigo: el cartero no siempre llama dos veces.
Bingo, nosotros preferimos un gran escritor vivo que un magnífico actor muerto.
Nuestra amiga Inma demostró —nos demostró— que detrás de una reina Violante, dura, poderosa y, sobre todo, reina, hay una mujer que ama a todos los que le rodean.
Empieza la obra con la primera cantiga a Santa María, y la voz de Jesús retumba en escena: «El gobernante tiene que ser justo». Unas pocas palabras más, y viéndose, coge un taburete de escena —que no estaba previsto— y se deja caer sobre él. No es teatro, es el fin de la obra… y espero que el principio de una nueva era para nuestro amigo.
Gracias, Jesús, por no dejar el corazón en Alcántara. Pero casi.