Conversaciones con Bingo Hoy Bingo me la jugó

Conversaciones con Bingo Hoy Bingo me la jugó

Por fin, esta mañana llegué incluso a sentir frío. Quizás salimos un poco más temprano de lo habitual. Cuando llegamos a la laguna, los comensales de siempre estaban allí, limpiando sus picos; el aire frío y la humedad les impedían levantar el vuelo. Su enorme envergadura, sus plumas manchadas, sus cuellos cubiertos por esa melena que les ha valido el nombre de leonados… estaban dispuestos a entrar en las entrañas del o la desgraciada que dejó la vida en la dehesa.
Pero su festín quedó interrumpido. Un pescador junto al agua y mi presencia, parado a observar, bastaron para frenarlos. Después, algo aún más sorprendente: un grupo de vacas y terneros rodearon al cadáver como si se tratara de un funeral, impidiendo que los buitres continuaran su desayuno.
Tú ya me esperabas, y pensé que daríamos nuestro paseo con la fresca, comentando los instintos que tienen los animales. El cielo estaba limpio y, sobre la sierra, la enorme luna llena de julio presidía la cúpula azul. Sabes, esta luna la llaman la Luna del Ciervo; en algunos países nórdicos, también la llaman la Luna de los Cuernos. Y no, no tiene nada que ver con el “cuco” que vulgarmente designa al o la que los luce. El nombre proviene de que en este mes los ciervos y renos comienzan a dejar ver los primeros brotes de sus nuevas cuernas, que habían perdido al final de la primavera.
Puede que tú seas lunática, Bingo… puede que lo seamos los dos. El influjo de la luna, que mueve las mareas y apresura partos, también parece ponernos nerviosos. Hoy viniste contenta a que te pusiera la correa. Hicimos nuestros deberes: revisar la potabilizadora, limpiar tu apartado, buscar en mi bolsillo esa golosina que no se te escapa.
Pero al comenzar el paseo, aparecieron Nerón y SP, y como si te hubieran inyectado gasolina de alto octanaje, empezaste a saltar y a corretear como loca, sobre todo con el cachorro. Y en un abrir y cerrar de ojos —como si fueras maga— te quitaste el collar “sin mancharlo ni romperlo”, como en el Nuevo Testamento, y saliste corriendo con SP hacia el territorio de los bravos. Pronto te vi entregada al instinto, ladrando y corriendo tras vacas y toros como si fueran juguetes de Reyes.
Recogí la correa y me encaminé de vuelta hacia las casas. Nerón se vino conmigo, esperando su recompensa: un puñado de tu pienso. Me senté en la puerta y decidí no llamarte. Cada uno, también tú, debe elegir su camino y asumir la responsabilidad de sus actos.
Mientras tanto, mi amigo David me llamó desde mi querida Mata de Alcántara. Quería ver el quinto encierro de San Fermín, y con su llamada me lo perdí. Tú me impediste disfrutar del paseo, él de ver el encierro… cuando no tiene que ser, simplemente no es.
No tardaste mucho en volver. Como no te han dado fiesta, decidiste regresar, tal vez por si nos íbamos a los San Buenaventura de Moraleja, que hoy comienzan. Espero que las disfruten. Desde que Julián Roca fue alcalde de la Villa y yo solo un aprendiz, le tengo un cariño especial a Moraleja. Aunque algunos lo duden, tiene una historia muy, muy interesante. Sus habitantes, siempre emprendedores, decidieron un día derribar las murallas y levantar sólidas casas.
Hoy me vine triste por tu actitud, Bingo. Intento comprenderte, pero me dolió que no quisieras escucharme.
La luna se bañó y se reflejó en las lagunas como un espejo de plata. Una niña de ojos azules paseaba a lomos de un caballo alado y llenó el cielo de nubes que presagian cambios en el tiempo. Aunque sea por pocos días… se agradece.