La luna de junio y las líneas rojas Conversaciones con Bingo

La luna de junio y las líneas rojas Conversaciones con Bingo

La luna de junio y las líneas rojas Conversaciones con Bingo

Buenos días, amiga.
La luna se va llenando. Dicen que la luna de junio preña y madura las brevas. Puede que así sea.
¿A ti te influye la luna, Bingo?
A mí sí. Reconozco que soy lunático, y que con esta luna llena las fuentes, los ríos, los arroyos y el mar fecundan a las princesas que se acercan a tomar baños en la noche de San Juan.
En Portugal, a la preñez la llaman “engravidar”, porque la fuerza de la gravedad actúa: llena de vida los vientres y hace danzar las mareas que cubren lo que parecía seco.
En estos días en que se encuentran la luna y el sol —porque se ven ambos astros al mismo tiempo—, y los rayos solares se reflejan en el espejo de plata de la luna, siento la necesidad de hablarte de las líneas rojas.
Hace unos días fue el día de Camões, Luis de Camões, el padre de las letras portuguesas, en ese rico idioma que, como el nuestro, se extendió por el mundo.
Portugal ha sido patria de blancos, negros, mestizos, mujeres y hombres de ultramar que tenían en la metrópoli su casa.
Pero los tiempos cambian, Bingo, y últimamente, también en esa segunda casa que siento mía, han crecido voces que excluyen en lugar de abrazar. En ese mismo día de las letras, un grupo radical salió a la calle a señalar y a herir con palabras a quienes no comparten ciertos apellidos o historias.
Y, querida amiga, hay líneas que no deberían cruzarse.
Desde los tiempos de los griegos, la demos fue creciendo y se convirtió en esa forma imperfecta pero valiosa que es la democracia.
A veces parece que hay quienes usan esa palabra sin creer realmente en ella.
Yo no soy de confrontaciones, Bingo, pero tampoco soy indiferente. Aunque ya no esté en la política activa, siento que debo seguir defendiendo aquello en lo que creo. No solo por mí, sino por mis nietos y los nietos de todos.
Si hay que dibujar líneas, que sean como las del arcoíris: diversas, brillantes, llenas de esperanza.
Y ahora, si te parece bien, caminemos en silencio un rato, que la luna aún nos acompaña.