La rosa blanca y el silencio
(Conversaciones con Bingo)
Hola, Bingo.
En muchas ocasiones uso unos versos de Martí que dicen:
> “Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero,
para el amigo sincero
que me da su mano franca,
y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardos cultivo; cultivo
una rosa blanca.”
Puedo discrepar del autor en la calificación de los cardos, porque también son bellos, y espinas tienen como los rosales. Pero no se trata de polemizar, para eso ya están otros.
El paseo por la dehesa del Rebollar hoy ha sido de todo menos tranquilo. Te pones nerviosa con los tractores, que con sus enormes remolques cargados de pacas de paja rompen las ramas de los quercus que se aproximan al camino. Tampoco te gustan los camiones llenos de leña cortada de encinas que salen de entre los toros.
Hoy la dehesa está movida. El aire fresco de primeras horas empieza a calentarse, y genera pequeños ciclones que suben en espiral… buscando nada.
Las primeras luces dejaban ver algunas nubes y nieblas tapando la Sierra. Con el tiempo, se fueron esfumando, dejando ver los verdes y azulados, cortados por anchos marrones que llaman cortafuegos.
Anoche me enteré por un amigo de que el día 10 de mayo murió un hombre bueno. Un hombre que nos ayudó a aprender democracia y respeto. Que, sin ser de Coria, se preocupó por facilitar que las cosas municipales funcionaran.
D. Jesús Figueroa Regodón, durante muchos años Secretario del Ayuntamiento, puso nombre a la mayor parte de las calles de nueva creación.
Se inventó lo de salir al balcón y leer un acta proclamando al abanderado de las fiestas de San Juan.
Puso paz y concordia entre las distintas opciones políticas, y siempre tenía una palabra amable y una sonrisa cómplice.
Quizás, Bingo, sería justo que —ya que él puso nombre a tantas calles— Coria le pusiera su nombre a alguna nueva. Como homenaje que no recibió en vida, y que sin duda merecía.
Gracias, allí donde esté. Ahora volverá con su compañera de vida, mujer educada y culta, a la que también recuerdo.
Hoy, cuando te has metido en la laguna, que va bajando de nivel, te has asustado con las carpas que se movían en la orilla.
Y te entiendo. Todos tenemos miedo a lo desconocido. Para ti, son animales raros que viven en el agua.
Cada día en esta maravillosa dehesa del Rebollar encontramos algún rebollo que, como nosotros, desafía al tiempo.
Los Chozos Las Flores de la dehesa se llenarán como cada viernes con amigos que vienen a descubrir el norte de Extremadura y este paraje único.
Aquí el calor, cuando lo hace, es más llevadero. Los valles siguen vestidos de verde, con lunares rojos y morados de flores que adornan como si fueran traje de faralaes.
Mañana es sábado, pero seguro que apareceré al paseo, aunque hoy estoy cansado.
Hasta mañana, Bingo. Gracias por tu compañía y tus silencios.
Porque, en muchas ocasiones, si lo que vas a decir no merece la pena… no rompas la belleza del silencio.





